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“Pheromone maxxing”, la tendencia de evitar la ducha para (supuestamente) aumentar tu atractivo

Basada en supuestos traídos del mundo animal e inspirándose en la teoría de la “química del amor”, hay una corriente que invita a dejar a un lado los productos de cuidado con fragancias, los desodorantes y hasta la rutina de higiene personal para aumentar el poder de seducción natural

Isabel Salinas
Isabel Salinas
Redactora16 de octubre de 2026
Revisado por Silvia Del Río
“Pheromone maxxing”, la tendencia de evitar la ducha para (supuestamente) aumentar tu atractivo

Una vez más, TikTok nos sorprende con un movimiento que apuesta por evitar la ducha, los perfumes y los desodorantes con el fin de potenciar el olor corporal y aumentar la capacidad de atracción. Lo han denominado “pheromone maxxing” y, aunque a priori, no parece una teoría muy sólida, la farmacéutica Silvia del Río nos ayuda a entenderla al detalle.

La experta reconoce la premisa de que el aroma corporal forma parte de la identidad y de la comunicación social, sin olvidar que el sentido del olfato está estrechamente relacionado con determinadas experiencias emocionales y que los olores pueden influir en las percepciones y los recuerdos. Pero también apunta que “estas bases distan mucho de afirmar que existan unas feromonas humanas capaces de provocar de forma automática una respuesta de atracción”.

Si te preguntas qué son las feromonas, Silvia del Río explica que “son señales químicas producidas por un organismo, que pueden generar respuestas específicas en otros individuos de la misma especie y que están muy bien estudiadas en numerosos animales”. Sin embargo, insiste en que “no se ha demostrado de forma concluyente la existencia de una feromona sexual humana que produzca una respuesta de atracción específica, reproducible y universal”. Es más, se han investigado diferentes moléculas y sustancias presentes en las secreciones corporales y tampoco permiten afirmar que haya un equivalente a esas feromonas sexuales descritas en otras especies.

Silvia del Río considera que la tendencia “pheromone maxxing” puede estar relacionada con la llamada “química del amor” por su interés común en comprender cómo intervienen las sustancias químicas en la atracción y el vínculo entre personas. Esta teoría, popularizada hace un par de décadas por la antropóloga Helen Fisher, “defiende que el enamoramiento y el vínculo afectivo implican complejas interacciones entre neurotransmisores (en la atracción y el enamoramiento intervienen, entre otros, la dopamina y la noradrenalida), hormonas (los andrógenos y los estrógenos participan en el deseo sexual) y circuitos cerebrales implicados con la motivación y la recompensa (la oxitocina que se genera en los abrazos y la vasopresina son claves para crear el vínculo y consolidar el apego)”, resume la experta.

Sin embargo, ambas ideas parten de bases científicas diferentes: mientras que la participación de neurotransmisores, hormonas y circuitos cerebrales en el enamoramiento y el apego tienen un respaldo científico, no se ha demostrado que las feromonas humanas desencadenen una respuesta de atracción específica.

Como explica la farmacéutica, “es importante distinguir entre los mecanismos biológicos que cuentan con evidencia científica y las afirmaciones de una tendencia como es “pheromone maxxing” que, por el momento, no dispone de respaldo científico suficiente en humanos”.

¿Son los perfumes con feromonas un apoyo al “pheromone maxxing”?

Además de fragancias, hay otros cosméticos que incorporan moléculas sintéticas a las que se atribuyen propiedades similares a las feromonas o utilizan el término como un reclamo de marketing. Sin embargo, “la evidencia científica disponible no permite confirmar que estos productos aumenten de manera consistente el atractivo sexual de quien los utiliza, lo que no significa que no puedan influir en cómo nos perciben los demás”, asegura la experta. Ella recuerda lo importante que es diferenciar lo que es la percepción sensorial frente a los hechos probados, porque “una fragancia agradable puede contribuir a crear una sensación de higiene, cuidado personal y bienestar que ayuda a modificar la autopercepción y seguridad, pero eso es diferente de decir que contiene una “feromona” capaz de provocar atracción”.

Consecuencias de prescindir de la higiene

Es, sin duda, la norma más llamativa del “pheromone maxxing”. Pero, más allá del hecho de que una mayor acumulación de sudor, sebo y células muertas, se acompaña de un incremento del olor corporal, no hay que olvidar que la piel alberga un ecosistema microbiano esencial que, para que esté en un equilibrio saludable, requiere un buen aseo. Espaciar de forma deliberada la limpieza (su exceso también altera la función barrera) puede derivar en secuelas cutáneas que dependen “de cuánto se reduzca la higiene, de la zona corporal y de las características de cada persona”, sostiene Silvia del Río. Las más habituales son:

  • Deja de ejercer su función protectora e, incluso, favorecela aparición de procesos de infección. No se debe a una correlación directa, pero “una higiene deficiente puede impulsar determinadas condiciones que facilitan la proliferación de microorganismos y de problemas cutáneos”.
  • En determinadas áreas en pliegue (axilas, ingles o debajo del pecho), la combinación de humedad, calor y fricción puede incentivar la aparición de irritaciones y de algunas alteraciones cutáneas.
  • En perfiles con cierta predisposición, la escasez de limpieza puede aumentar el riesgo de padecer dermatitis irritativas o problemas asociados a la humedad.

La versión relajada de la tendencia “pheromone maxxing”: obviar los productos con fragancia o dejar a un lado el uso del desodorante

“Prescindir del perfume no supone ningún problema para la salud y, en determinadas personas, incluso puede ser beneficioso”, admite la farmacéutica. Añade que, con frecuencia, las fragancias son responsables de una sensibilización cutánea pues “pueden resultar irritantes especialmente en quienes tienen piel sensible, dermatitis o antecedentes de alergia a determinados componentes”.

Su postura es que en una tez reactiva son interesantes estas opciones sin perfume, sobre todo en los productos que permanecen muchas horas en contacto con la piel. Existen propuestas de geles de baño, aunque insiste en que debes distinguir entre los productos “sin perfume” y los “sin olor”, porque “una fórmula puede tener un aroma derivado de sus ingredientes, aunque no se le haya añadido una fragancia con finalidad perfumante”.

En cuanto al uso de desodorantes o antitranspirantes, Silvia del Río admite no es imprescindible para todas las personas y que depende de las necesidades individuales, del nivel de sudoración y de las preferencias. No obstante, estas referencias pueden contribuir al control del olor corporal, ya sea ayudando a neutralizarlo o enmascararlo (la función de los desodorantes) o reduciendo la producción de sudor como hacen los antitranspirantes.

Con esta información, se confirma que no hay problema si quieres experimentar con una rutina minimalista que evite el uso de ingredientes que no aportan un beneficio real (como los perfumes), pero siempre debe incluir “una higiene adecuada, hidratación y los productos necesarios para cada piel”.

Conclusiones sobre el fenómeno “pheromone maxxing”

La farmacéutica señala que el atractivo no depende de una supuesta “feromona mágica” y que es errónea la idea de que dejar de ducharse aumente las feromonas. Lo único que hace es “alterar el olor corporal, entre otras cosas porque cambia la cantidad de sudor, sebo y metabolitos producidos por la interacción entre nuestras secreciones y la microbiota de la piel”, recuerda. Con la máxima de que “un olor corporal más intenso, no significa que sea más atractivo (su percepción depende de múltiples factores y tiene un importante componente individual y contextual)”, su consejo para quien busca potenciar su aroma natural, es prescindir del perfume o elegir productos sin fragancia, pero siempre manteniendo una higiene adaptada.

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Isabel Salinas

Escrito por

Isabel Salinas

Directora Editorial ON CLick to Care

Periodista especializada en salud, belleza y bienestar, con más de 15 años de experiencia en medios como ELLE, Vanitatis y Cosmopolitan. Apasionada por la cosmética y el autocuidado, analiza tendencias e ingredientes con una mirada crítica y el apoyo de profesionales expertos.

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